Partamos
por el motivo de este famoso programa que busca «atraer» al médico a las zonas marginales del país. El
Servicio Rural y Urbano Marginal de Salud (SERUMS) fue llevado a cabo (teniendo
como antecesor al Servicio Civil de Graduandos en Ciencias de la Salud en 1972)
en el año 1981 y es la transcripción nacional de lo que ya se había hecho antes
en México hacia el año 1936 (Mayta, Poterico, Galán y Raa, 2014).
El carácter obligatorio del SERUMS se debe
al valor de dependencia que tienen las futuras especializaciones, las
ocupaciones en cargos públicos y, en
general, cuestiones laborales y educacionales ulteriores (Mayta et. al., 2014). Es en este punto donde
ya se condicen ciertos aspectos negativos que este programa puede ocasionar; en
primer lugar, puede generar (y como se vio en el ejemplo de Atilio Pérez) una
superposición de las motivaciones extrínsecas (el elegir el SERUMS en Puno solo
porque le otorgaría mayor puntaje), que provocaría un «efecto perjudicial sobre
[…] el esfuerzo y el desempeño» (OCDE,
OIE-UNESCO, UNICEF LACRO, 2016, p.93), sobre motivos
humanos como el de la primacía de la salud; en segundo lugar, y relacionándose
con el anterior, por omisión de una causa humana, podría albergar en el médico
un interés inadecuado para comprender al paciente, como (retomando el caso del
serumista en Puno) no haberse capacitado antes sobre la cultura del lugar al
que iría a ofrecer sus servicios.
Ahora, es (por las causas
político-administrativas sobre Salud en el Perú) inexorable la presencia incompleta por parte del Estado.
Esto se puede apreciar en las condiciones laborales de los recientes médicos.
Según una investigación de Mejía y Quiñones (2015), el 30% de los serumistas de
los 166 que fueron elegidos contó con un servicio básico; otro 30%, con dos; el
resto, con tres. También, de la misma investigación, «el 13,8% manifestó que
había cursado con una enfermedad común de tipo no ocupacional y el 2,4%
mencionó que había padecido de alguna de tipo ocupacional». Aunque no sea una
conclusión precisa por la poca muestra que se consideró, se puede señalar,
además de la insatisfacción y ulterior «espanto» con aquellos centros médicos
rurales, que los médicos, al apenas cumplir con recursos básicos y padecer de
enfermedades con relativa constancia, no pueden dar un buen rendimiento.
Comprendo que se puede notar el ligero desvío
del somero tema central (problemas en la atención médica) —debido a la información que he encontrado en la
revisión de una lacónica literatura (la cual, por la similitud que había entre
textos e investigaciones, me he limito a utilizar unas cuantas) —, somero porque aun ese infortunio proviene de
otros en una suerte de bifurcación. Es de fama nacional (al menos en el
ambiente de la educación superior) la precariedad de las condiciones por las
que suelen pasar los serumistas. No quiero finalizar este cuerpo sino con la
cita de una cruel realidad que fue transcrita a las líneas por Wong (2009):
Aquí,
a raíz de este caso [la muerte de James Tello Vivanco, serumista que prestó su
servicio en Piura, ocurrido durante un accidente de tránsito mientras atendía a
una paciente gestante], todos se enteraban de una triste arista de la realidad
del médico peruano que recién egresa: cada
año mueren alrededor de cuatro médicos jóvenes que realizan su SERUMS, la
mayor parte de estos por accidentes de tránsito u otras actividades vinculadas
a su trabajo. Se enteraban que existen muchos casos de colegas que se infectan
producto de la exposición a gérmenes (riesgo no exclusivo del SERUMS, más
frecuente sobretodo en el residentado o el internado médico) y que tienen que
ser atendidos rápidamente. Nos enterábamos todos que, además de esto, un gran
número de noveles galenos son violentados en su integridad física y síquica,
también en el año del SERUMS. (p.151)
Como
hemos notado, al problema de la atención del médico se le antepone otro mayúsculo: el de las nefastas condiciones por las que atraviesan las mentes
jóvenes de medicina (falta de servicios básicos, falta de herramientas
necesarias para el buen desenvolvimiento en las atenciones médicas, aparición
de enfermedades y muertes). Revelando, al igual que otras razones, la falta de
interés en el sector salud que las autoridades demuestran. Pues no quiero
finalizar sino con un mensaje quizá trivial (o de entendimiento común, pero
necesario), el que dice, en simples y sucintas palabras, que (al saber sobre
estos temas y al tener la capacidad para mejorar las cosas) debemos
involucrarnos en estos temas y darle una solución —no nos apasionemos con el error de pensar que
es algo simple, ni nos prosternemos ante filosofías ajenas a la realidad. No
consideremos como una suerte de bagatela oxidada (oxidadas por el abandono
impío, e impío por su traducido alejamiento humano) a lo que debería ser el
aposento: nuestra capacidad crítica y reflexiva y los fines humanos (nuestra
ara de predilección contemplativa).
BIBLIOGRAFÍA:
Mayta, P., Poterico, J., Galán, E. y Raa, D., (2014),
Servicio social en salud, El requisito
obligatorio del servicio social en salud del Perú: discriminatorio e
inconstitucional, 31(4), 781-787.
Mejía, C. y
Quiñones, D.,(2015), SERUMS y la
migración de médicos: a propósito de una cohorte de médicos de Lima, 32(2),
405-406.
OCDE,
OIE-UNESCO, UNICEF LACRO. (2016). La naturaleza del aprendizaje: Usando la
investigación para inspirar la práctica.
Wong, P., (2009), Los nuevos mártires de la medicina en Perú, 70(2), 151-152.
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