¿HEMOS HECHO LO INELUDIBLE
PARA OPTIMIZAR LA CALIDAD
UNIVERSITARIA EN EL PERÚ?
Por: Maria Espinoza Huamán
La
concepción sobre la calidad, que existe actualmente en las universidades, ya
sea nacional o internacional, es el producto de cambios internos y externos que
las han afectado, especialmente en los últimos 30 a 40 años del siglo pasado.
El concepto de calidad de la educación universitaria cambia de contenido en
cada época, es variable y duradera a la vez, porque es un concepto
primordialmente histórico. Hasta comienzos de la década del 60 del siglo
pasado, existía una visión tradicional y estática de la calidad de la educación
universitaria, se entendía la calidad de la enseñanza y el aprendizaje como
componentes del sistema, basado en la exclusividad de los docentes, estudiantes,
materiales a recurrir y sobre todo en la tradición de la institución. Se hacía
énfasis también en que más años de escolaridad traían como resultado el
producto de ciudadanos mejores preparados y con la capacidad de producir en una
sociedad teóricamente más democrática y participativa.
Considerando
el ámbito universitario como uno de los puntos de encuentro entre la educación
y el mercado laboral y sectores productivos del país, el Estado, en ejercicio
de su irrenunciable rol garante del derecho a la educación de calidad, debe
establecer, promover y supervisar la existencia de niveles óptimos en el
servicio educativo superior universitario que imparten las instituciones, tanto
públicas como privadas. Sin embargo, pese a diversas acciones aisladas por
mejorar el sistema universitario, el Estado no ha logrado una mejora sustantiva
en la calidad del servicio educativo, afectando el desarrollo profesional de
miles de estudiantes y, en última instancia, el desarrollo sostenible del país.
(DIGESU-Ministerio de Educación 2015:12)
Por
tal motivo, para presentar información sobre la situación de las universidades
en el país, con preponderancia en los programas de pregrado, es sustancial estipular
el rol que cumple la universidad peruana en la creación, transmisión y
aplicación de conocimientos, la definición de calidad y, sobre todo, qué
acciones ha tomado el Estado para regularla y mejorarla en el ámbito académico
universitario.
La relevancia
de este ensayo recae en la importancia que existe de conocer cómo la calidad de
nuestro sistema educativo afecta a nuestros futuros profesionales, sin dejar de
lado, a la vez, la exigencia de la sociedad a una universidad diferente; ya no
basta con que ésta sea el lugar donde se acumula un conocimiento ecuménico,
pues la globalización de la información le despojó a la universidad ese
privilegio, lo que exige la sociedad es que este conocimiento sea aplicado a su
entorno, sea pertinente y que provoque un impacto favorable en todos sus
miembros.
Las
universidades cumplen un rol importante en el desarrollo de la sociedad y deben
basarse en adecuadas políticas estratégicas sustentadas en el trabajo
coordinado de sus integrantes, los cuales se constituyen en grupos de personas
que van ofreciendo lo que saben hacer, obteniendo experiencias y valorándolas,
haciendo uso de las Tecnologías de Información y teniendo en cuenta que la
Universidad es la institución por excelencia dedicada a la generación y
transmisión de conocimiento. Considerando que el análisis, evaluación,
planteamiento y aplicación de la Gestión del Conocimiento, sustentados en el
uso de las Tecnologías de Información, nos permitirá que podamos crear las
condiciones para que la gestión y el ritmo de aprendizaje de la Universidad
Peruana sea superior al exigido por la sociedad (potenciando sus servicios de
calidad estándar) proponemos un esquema metodológico de implementación de la
gestión del conocimiento haciendo uso de las herramientas de existentes. (Espezúa.
2004)
Es
necesario, entonces, el desarrollo propicio de estas nuevas tecnologías y
modelos ideales de aprendizaje, los cuales juegan una relación trascendental en
el proceso formativo y cada vez más capacitado de nuestros estudiantes
universitarios. No obstante, cabe resaltar que a medida que la sociedad demanda
bienes y servicios educativos de mejor calidad y a la vanguardia, el Estado
hace muy poco en asignar lo necesario para cubrir estas necesidades. Entre los
años 2011-2015 el presupuesto invertido en universidades públicas, en términos
reales, tan solo mostró un incremento de un 2%, esto supone una inversión de
S/.95 a S/. 97 millones en el año 2015.
Lamentablemente,
este poco interés del Estado en dar prioridad a la educación como eje fundamental
de la sociedad parte de un modelo imperante y dominador del que ya somos parte.
Necesitan seres de poca crítica, siervos de las grandes potencias y asuntivos
en cada momento de nuestro quehacer. Si consideramos que la calidad educativa
es trascendental en el desarrollo de nuestra sociedad, porqué esta
incongruencia entre sus necesidades e intereses del Estado si somos parte de
una misma Nación. Pues la calidad universitaria puede ser vista de varios
enfoques y asumida para muchos intereses.
La
calidad posee múltiples dimensiones, visiones e interpretaciones. Pero el
problema no consiste en buscar una nueva definición de calidad, pues ya existen
muchas en la literatura actual, sino determinar aquella que más convenga a la
evaluación en las condiciones de la realidad latinoamericana, sin olvidar que
la calidad tiene que estar conjugada con la pertinencia y el impacto, pues no
se puede concebir una institución universitaria de calidad que no sea
pertinente en su entorno social. (Universidad de Cantabria. 2010). La
pertinencia y la calidad, junto a la internacionalización, representan para la
UNESCO, los tres aspectos claves que determinan la posición estratégica de la
educación universitaria.
Esta «calidad»
de la que actualmente se habla es fruto de un proceso de reformas surgidas
desde 1983 cuando se promulga la ley 23733, donde las universidades solo podían
ser creadas y suprimidas por mandato de ley. En la década de 1990, el marco
formativo en el Perú estuvo orientado a fomentar la inversión privada en la
educación superior, pero fue en 1995 cuando se creó el Consejo Nacional para la
Autorización del Funcionamiento de universidades (CONAFU), órgano perteneciente
a la Asamblea Nacional de Rectores cuya función fue otorgar la autorización de
funcionamiento de las nuevas universidades a nivel nacional.
En
2014 se aprobó la Ley N° 30220, nueva Ley Universitaria. El objetivo de la ley
es ordenar el mercado de educación superior universitaria, en lo que se refiere
a la universidad pública, la universidad asociativa y la universidad
societaria. Para lograrlo, la ley provee un marco normativo para la creación,
el funcionamiento, la supervisión y el cierre de las universidades y, del mismo
modo, para la promoción de la mejora continua de la calidad de los servicios
provistos (SUNEDU. 2014. p.36)
Cabe resaltar que, en el Perú,
hemos pasado de tener un reducido número de universidades, a inaugurar cientos de
ellas, más por motivos económicos y políticos populistas, antes que partir de un
buen concepto del “deber de ser” de la universidad. Los resultados se pueden
observar fácilmente: hay muchas universidades, pero pocas son las que se
deberían llamar con este nombre. Así, han surgido modelos mercantilistas de
universidades que demandan a la captación masiva de estudiantes ofreciéndoles
pensiones bajas y que no garantizan el verdadero aprendizaje. ¿Esta es la
educación de calidad que el Perú se merece? ¿Con qué clase de profesionales
contaremos en el futuro? ¿Acaso no es función del Estado garantizar los
derechos del individuo en la sociedad? Nos preguntamos entonces, si toda esta
reestructuración en base a nuevas leyes ha traído beneficios en la educación
universitaria. Pues bien, la institución universitaria en muchos casos se ha
vuelto hoy en día, absolutamente monetaria, se asemeja a un mercado en donde
todo se compra y todo se vende. Si esto es así, los profesores ya no se
dedicarían a la investigación ni a la enseñanza por amor a la educación, ni
mucho menos harían surgir el diálogo, el interés por el aprendizaje libre y la
crítica necesaria para enfrentar la vida en la sociedad.
A raíz de esto podemos
comprender por qué el Perú ocupa puestos tan bajos a nivel de América Latina y
el Caribe en los últimos tres años, pasando de un puesto 71 a un puesto 216 en
lo que corresponde a la producción de citas; de un puesto 371 hasta llegar al
puesto 753 en la producción de documentos citables entre los años 2010 al 2015); y su resultado es casi imperceptible en el ranking mundial
sobre universidades. (SUNEDU. 2014)
Cabe resaltar que, en el Perú,
hemos pasado de tener un reducido número de universidades, a inaugurar cientos de
ellas, más por motivos económicos y políticos populistas, antes que partir de un
buen concepto del “deber de ser” de la universidad. Los resultados se pueden
observar fácilmente: hay muchas universidades, pero pocas son las que se
deberían llamar con este nombre. Así, han surgido modelos mercantilistas de
universidades que demandan a la captación masiva de estudiantes ofreciéndoles
pensiones bajas y que no garantizan el verdadero aprendizaje. ¿Esta es la
educación de calidad que el Perú se merece? ¿Con qué clase de profesionales
contaremos en el futuro? ¿Acaso no es función del Estado garantizar los
derechos del individuo en la sociedad? Nos preguntamos entonces, si toda esta
reestructuración en base a nuevas leyes ha traído beneficios en la educación
universitaria. Pues bien, la institución universitaria en muchos casos se ha
vuelto hoy en día, absolutamente monetaria, se asemeja a un mercado en donde
todo se compra y todo se vende. Si esto es así, los profesores ya no se
dedicarían a la investigación ni a la enseñanza por amor a la educación, ni
mucho menos harían surgir el diálogo, el interés por el aprendizaje libre y la
crítica necesaria para enfrentar la vida en la sociedad.
A raíz de esto podemos
comprender por qué el Perú ocupa puestos tan bajos a nivel de América Latina y
el Caribe en los últimos tres años, pasando de un puesto 71 a un puesto 216 en
lo que corresponde a la producción de citas; de un puesto 371 hasta llegar al
puesto 753 en la producción de documentos citables entre los años 2010 al 2015); y su resultado es casi imperceptible en el ranking mundial
sobre universidades. (SUNEDU. 2014)
3.
CONCLUSIONES
En
conclusión, por un lado, el Estado pone el esfuerzo en regular la enseñanza
educativa a fin de mejorar su calidad, no obstante, hay brechas políticas y
sociales que limitan su transparencia y ejecución a cabalidad. Detrás de ese
telón aparentemente bien colocado, se pueden ver fallas del Estado e intereses
de por medio; porque a raíz de la última ley, las decisiones ya no las toma una
representación de los rectores de las universidades, sino el gobierno de turno,
a través de un organismo menor, adscrito a uno de sus ministerios. Las medidas
han sido muchas, pero fue esta la que trascendió más, es así que no podemos rendirnos,
no perdamos de vista que la Universidad es una institución donde avanzan las
ciencias, las humanidades y el arte; por la dedicación al estudio y la
investigación, luchemos por una educación de calidad, hagamos sentir nuestro
espíritu de rebeldía frente a la autoridad conformista y avallasadora, seamos
nosotros los futuros docentes y profesionales que todo país civilizado necesita.
Con el
transcurrir del tiempo, en el Perú se han ido creando nuevas leyes e
instituciones del Estado que puedan regular la educación universitaria en el
país, no obstante, estas han sido blanco de críticas que ponen en relieve la
inclinación del Estado.
Nos
preguntamos si existía una educación universitaria de calidad, pero hoy en día,
la calidad de la educación universitaria no se entiende, ni se mide como hace
medio siglos atrás, ahora se diferencia en mucho y es necesario luchar por ese
derecho desde ahora, ya que los intentos por asegurar una educación como tal no
han tenido el éxito esperado.
La
proliferación incontrolada de las universidades y otras instituciones,
mayoritariamente las privadas, contribuye al fin del monopolio del conocimiento
de las primeras y provoca la competencia, por lo que exige a las universidades
ser competitivas, demostrar su calidad, pero no a la práctica tradicional, sino
a través de su acreditación.
Dirección
General de Educación Superior Universitaria – DIGESU. “Política de
Aseguramiento de la calidad en la Educación Superior Universitaria”. San Borja.
Lima. Perú. 2015.
Espezúa
U. «Gestión del conocimiento y de tecnologías de información en la Universidad
peruana» Lima. Perú. 2004. Documento electrónico: sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtualdata/publicaciones/risi/N1_2004/a13.pdf.
Universidad de Cantabria. Escuela Técnica
Superior de Ingenieros Industriales y de Telecomunicación. «El
concepto calidad en la educación universitaria: clave para el logro de la
competitividad institucional», Editorial Santander: Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales
y de Telecomunicación, Cuba, 2010.
SUNEDU
(Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria), “Informe
bienal sobre la realidad universitaria peruana”. Lima. Perú. 2014.
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